viernes, 24 de mayo de 2013

Días oscuros en el camino, ventanas de frágil cristal


La casa está llena de recuerdos y en el aire se respira la nostalgia de un amor que partió rumbo desconocido,mi alma se pregunta que se  perdió de repente para que el vacío de un amor llenase la casa de recuerdos indagando sin querer en el alma de los momentos vividos.
Es complejo sentir algo fuerte por alguien que no te quiere, es complejo sentir que el tiempo se te escapó de las manos y de repente ese entrañable compañeros resultó ser un extraño donde la compañía tan sólo fue una utopía que viviste con fuerza y que quedó en un silencio, quedó perdido en algún arcón, olvidado de mano de un destino, de un porvenir de unos sueños que se creyeron compartidos mientras la realidad dice que se trató de un proyecto unilateral a ojos del que ama y lejos de aquel que marchó
No sé que resulta más frío si haber perdido la calidez ansiada de un hogar comparitod o la indiferencia, la nada, el olvido, el resquemor de un amor desquebrajado en mil pedazos que no da lugar ni siquiera para el recuerdo, para la posibilidad de estirar la mano desde ese lugar para preguntarte como te sientes.
 Helada la sensación de saber que cada segundo, cada beso, cada proyecto quedó enterrado de repente en algún lugar sin que hayas sido capaz de asimilar que se te escapó de las manos, la sinrazón del entender, de comprender que te perdiste para que al levantarte una mañana ese compañero que te juro el amor eterno se olvidó de sus promesas, te sentó en la silla y sin pestañear te confesó que el amor se había esfumado.
Te preguntas que fueron de aquellas miradas, de aquellos besos robados, aquellas tardes donde los amaneceres verdes te llenaban el alma de esperanza, de ilusiones, de paseos cogidos dela mano, de tardes eternas en familias, de lecho compartido a su lado fusionándose en eternos abrazos disfrutando del amor entre las sábanas, te preguntas con lágrimas en los ojos y una sonrisa fruto del recuerdo si todo lo que has compartido ha valido la pena o simplemente fue una sensación que sentiste y ahora el destino te juega una mala pasada.
Intentas por todos los medios enjugar el llanto y sonreir por aquellos que a su marcha han quedado, para evitar que tu dolor sea el suyo, intentas vestirte con las mejores galas y hacer que la vida continúa y vas superando pero hay días como hoy que el techo de tu casa parece más bajo que nunca y vás tropezando con los recuerdos, la tristeza y la angustia de saber que tu vida continúa por derroteros que no soñaste.
Te preguntas si la entrega, el respeto , el cariño y el apoyo incondicional deben ser pagados con la indiferencia, con la irresponsabilidad y la frialdad de alguien que prefirió aferrarse a sus miedos que a la vida, que se conformó con dejarlo todo antes que de enfrentarse a la realidad, de un ser pobre diablo que divaga en el mar de sus dudas, alguien que el día que se siente con su conciencia probablemente se arrepentirá de sus actos, y ese día tu ya no estarás para acompañarle.
Hay días tristes donde la fuerza se ha quedado aparcada, donde quieres pero no puedes porque de alguna manera te sientes impotente, dolida y enfadada, sabes que mañana cuando levantes tu pie derecho estará más fuerte porque cada día que pasa las heridas se van aireando, sabes que este fracaso no es más que el fracaso de un amor que no te merece  pero hay días que escuece.
Y aceptas  que en tu camino hubo grandes personas que te amaron, y quizás de alguna manera tampoco supiste aprececiarlo;  sin querer comparas y sabes que cada una de esas personas que pasaron por tu vida se dejaron hasta el último milímetro de su piel, que lucharon hasta el final con uñas y dientes, que tuvieron el valor de enfrentarse a todo hasta que de alguna manera  ya fue imposible subsanar las cicatrices; y te preguntas porqué aquellos amores se superaron, y esté aún perdura; es pronto quizás; tan solo un mes.

 Entonces entiendes que tu dolor es grande porque la traición es difícil de perdonar, no porque marchase con otra mujer sino porque marchó con tus sueños, porque por primera vez en tu vida entregaste incondicionalmente tu amor en un proyecto único, en crear una familia, apostaste fuerte por alguien que no pestañeó cuando abrió la puerta para marcharse dejando al libre albedrío dos vidas, sin importarle de ninguna manera que en tus sollozos y angustia esa vida que corre en tus entrañas y que además es parte de la suya peligrase, que le de exactamente igual que sea de ti, de tu porvenir y el porvenir de su propia hija; te preguntas que tipo de monstruo has sido capaz de amar y todavía de alguna manera intentas justificar su comportamiento.
Duele, pero te alegras de alguna manera porque es más fácil luchar por el amor de una hija sola que con alguien que no te quiere, porque tu eres fuerte de alguna manera y aunque tengas malos días eres capaz de enfrentarte a los obstáculos por ella, porque su latir te da fuerza
Te sientes orgullasa de tu propio mundo, tu familia que incondicionalmente te abre la puerta de su vida, de su casa y te reconforta saber que no vas a estar sola, que bebé va a ser la ilusión compartida de todos, y te sientes mal por haber apostado por alguien que te falló y quizás no haber valorado a esas personas que siempre estuvieron a tu lado. Te aferras a ellos como si e un clavo ardiendo se tratara y te vuelves a enfadar con él no por haberte fallado sino por haberles fallado a ellos.
Y entonces te das cuenta que a veces las palabras y los sentimientos cuando se dibujan hacen que pesen menos, porque hablar siempre de lo mismo cansa pero dejarlo plasmado quizás hace que sea más liviano y perecedero.
Y es que la ventana del amor tiene frágiles cristales que se rompen de manera inevitable fraccionando la propia vida y el camino dejando como paisaje un sin fin de recuerdos, unos gratos y otros no tanto.



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