domingo, 8 de diciembre de 2013

Sobre el día que naciste, un cinco de Julio de 2013

Mi querida princesa :

Te prometí el día que inicié este blog que intentaría escribirte a menudo para que el día de mañana cuando nos sentásemos en frente pudieras encontrarte a ti misma cuando no habías llegado al mundo, cuando erás un sueño en mis entrañas creciendo día a día en aquellos momentos duros donde la incertidumbre sobre ser madre me llenaba los días de dudas y miedos.

Te contaré florecilla de mi jardín que al final mamá se acostumbró a dormir sola junto a tu cuna entonces vacía mientras tu te abrías camino en mi interior moviéndote y cogiendo una fuerza sobrenatural para llegar al mundo, que preparé con mimo tu habitación y llené los vaciós del sueño de abrazarte por primera vez. 

Hasta que llegó el día, dichoso día … saliste a tu madre, con fuerza, con ganas de vivir, casi con prisas, con esa fuerza increíble de querer ver el mundo antes de que la madurez de mi embarazo llegase. Era miércoles de noche, madrugada del jueves día 4 de Julio, me acosté como cada noche incomoda, ese mismo domingo había tenido unos dolores raros pero que la abuela decía que era el principio de las contracciones del octavo mes. De repente me desperté en la noche muerta de sed, tenía la botella al lado y casi sin darme cuenta me la bebí entera, me entraron ganas de ir al baño, entre y al salir de repente me di cuenta que empezaba a chorrear, no lograba entender que estaba pasando … miré el reloj,  eran las dos y media de la mañana y estaba rompiendo aguas.

Estaba sóla en casa, he de reconocer que el miedo se apoderó de mi, estaba de 37 semanas y ya te entraban las prisas por llegar al mundo, eche mano del móvil y llamé a la tía Beatriz, luego a mamá en repetidas ocasiones, nadie me cogía el teléfono … en ese momento no se me ocurrió otra cosa que llamar a la tía Rosa, sabía que era de sueño breve así que nada más sonar los dos tonos estaba ella al otro lado, la voz no me dio para nada más que para decirle :
-          Rosa, he roto aguas …

Si hay personas en el mundo que sabes que nunca en la vida te van a fallar sin duda es la tía Rosa, ella estuvo conmigo en los momentos más complicados de mi vida y esa noche mi princesa fue la primera persona con la que pude compartir la dicha de saber que iba a ser madre, fue complice conmigo del momento más hermoso que ambas hemos vivido, esa noche mi princesa cumplí mi segundo sueño compartir ese momento con mi mejor amiga.

En ese momento no me dio tiempo a preparar gran cosa, eche mano de un vestido negro, una toalla porque seguía chorreando y me planté en la puerta de casa de la tía Rosa que vive en frente, había llamado a la tía María su hermana para que se quedase con el primo Miquel ya que los dos tenían que salir corriendo conmigo rumbo al hospital.
Recuerdo un momento entrañable, cuando íbamos en el coche con el tío Vichen; he de contarte que desde el día que nos quedamos solas velaron por nosotras cada día pendientes de que no nos faltase nada, de cuidarnos y esperar para el día que pasase salir corriendo.

Desde el coche llamamos al abuelito, siempre es el único que coje el teléfono de casa cuando se necesita, y eso que él y las tecnologías no son buenos amigos, o al menos lo eran antes.
Recuerdo como en el coche le decía a la tía Rosa :
Sabes Roxe, saldré del hospital con mi hija, ¿te lo puedes creer? …_Y es que por mucho que lo había soñado no podía imaginar el sentimiento que iba llenarme en ese preciso momento.

Recuerdo que entré al hospital, me pusieron la bata y ya me ingresaron, enseguida llegaron la abuela, el abuelo, la tía Bea, el primo Josep y el tío Javi.
Resumiendo te contaré que estuve 40 horas dilatando hasta que llegasta al mundo, era un sinvivir esperar el momento que llegases, un subir y bajar de la habitación hasta que el día 5 a las ocho de la mañana nos bajaron a quirófano para provocar el parto, y a las cuatro llegasta al mundo.

Fueron unas cuantas horas de dolor hasta que me pusieron la epidural, la abuela estuvo con nosotros todo el rato mientras fuera el abuelito y la tía Beatriz esperaban impacientes noticias nuestras mientras la abuela iba retransmitiendo cada paso vía wassap a los tíos Alfonso y Ana Cristina.

De repente empezaron unos dolores tremendos y nos metieron al quirófano, todo fue muy rápido, la abuela dice que no sabe de donde saqué las fuerzas para empujar, ni siquiera lo sé yo, recuerdo con detalle como di tres empujones y alguien gritó ya está aquí, es una niña … De repente escuche como un globo que se desincha, una especie de plof e inmediatamente alguien te puso sobre mi pecho.

No puedo describirte princesa la sensación que me llenó el alma, te ví encima, tan chiquita, tan extraña y mía a la vez, tan hermosa, con esos colores que te llenaban. Te miré y le dije a la abuela que pequeñita es mamá y entonces me miraste, yo te arropé con mis brazos apretada junto a mi pecho y entonces empezaste a gemir, una especie de sollozo que iba en aumento por segundos, era tu primer llanto … mamá ya te estaba abrazando antes que empezases a llorar, fue una lección de la vida, un ejemplo de lo que cada segundo de tu vida empezando por los primeros ibas a vivir a tu madre sintiéndote cerca y protegiéndote, dándote su calor antes que sientas frío.

Te llevaron a pesar, escasos 2.600 Kg, te cogió la abuela que nos acompañó en todo momento y te volvieron a poner sobre mi. En ese momento mi niña supe lo frágil que eras pero la fuerza que tenías en tus pulmones, fui consciente que tus ganas de vivir fueron las que me hicieron luchar a mi, los que me dieron la entereza para  coger el toro por los cuernos y tirar hacia adelante.
Entonces nos sacaron a las dos juntas junto a la abuela y abrieron las puertas de la salida, allí estaban el abuelo y la tía llorando de ilusión y emocionados de saber que ambas estábamos bien  y todo había salido perfecto, encantados de conocerte y felices de saber que ibas a formar parte de sus vidas.

De repente todos los miedos mi niña que habían llenado a mamá habían desaparecido, no lograba explicarme que había pasado porque de repente algo innato me enseñaba a cogerte, a abrazarte, a acercarte a mi … recuerdo que no quería dormir porque solo quería observarte, mirar cada movimiento, escuchar tu respiración, sentirte cerca, cuidarte hasta el extremo como si no hubiera mañana, de repente se me olvidó que acababa de dar a luz porque lo primero eras tu.

Tu llegada al mundo mi niña fue la luz que iluminó mi vida para el resto, me diste la fuerza, el amor, el cariño y la magia que toda la vida había soñado y de repente el dolor pasó a ser simplemente un mal sueño para dar paso a una hermosa historia de amor, la tuya y la mía.


Han pasado cinco meses desde ese día mi muñeca pero cada noche antes de acostarme cuando me acerco a tu cuna para darte las buenas noches recuerdo el segundo en que te abracé antes que llorases y te beso antes que despiertes, y te repito cuanto te quiero y lo feliz que me haces para que nunca mi niña, nunca te olvides que nuestro amor será eterno y cada día regaré de cariño, dulzura y entrega el jardín de nuestro hogar para que crezcas con la fuerza y energía de la solidez de nuestra pequeña familia.

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